miércoles, 30 de abril de 2025

Rio Grande do Sul bajo el agua: lo que nos enseñan las inundaciones de 2024

Entre abril y mayo de 2024, Rio Grande do Sul, uno de los estados más importantes del sur de Brasil, enfrentó uno de los peores desastres naturales de su historia: una serie de inundaciones extremas que afectaron a más del 95% de sus municipios.  En apenas una semana, lluvias extraordinarias afectaron a 478 de los 497 municipios, con un saldo devastador: 182 víctimas fatales, más de 580.000 desplazados y pérdidas económicas y ambientales incalculables (Caleffi et al., 2024). Un año después, este evento obliga a reflexionar no sólo sobre las causas inmediatas, sino también sobre los procesos geográficos, históricos y sociales que configuraron un escenario de vulnerabilidad creciente (construcción social del riesgo).

Las inundaciones no son fenómenos nuevos en América del Sur. Sin embargo, su frecuencia, intensidad y repercusiones se han intensificado debido al cambio climático, la historia territorial, la urbanización desordenada, la transformación del uso del suelo y deficiencias en la gestión ambiental. Según Hyndman y Hyndman (2014), "los desastres naturales no son únicamente eventos físicos; son el resultado de la interacción entre procesos naturales y condiciones humanas vulnerables". Esta afirmación resulta especialmente pertinente al analizar las inundaciones en Rio Grande do Sul.


PORTO ALEGRE, RS, BRASIL, 05.05.2024 - Foto: Gustavo Mansur/ Palácio Piratini. Flickr user licensed under CC BY-NC 2.0 DEED Attribution-NonCommercial 2.0 Generic

Contextualización histórica y ambiental

Desde los siglos XVIII y XIX , Rio Grande do Sul se consolidó como un territorio de poblamiento intensivo, primero con colonos portugueses y luego con inmigrantes europeos (alemanes, italianos, polacos), quienes se asentaron cerca de los principales ríos y lagunas. Las ciudades más importantes, como Porto Alegre o Pelotas, se desarrollaron en llanuras de inundación y cerca de cuerpos de agua como la Lagoa dos Patos y la Lagoa Mirim, aprovechando su fertilidad.

Durante el siglo XX, el crecimiento poblacional, la expansión agrícola (especialmente soja y arroz) y la urbanización acelerada alteraron profundamente la cobertura vegetal natural del estado. Estudios recientes indican que, entre 2000 y 2014, la superficie de pastizales en el bioma Pampa disminuyó en un 25%, mientras que el cultivo de soja aumentó un 145,5% (Mengue et al., 2019). Esta pérdida de vegetación autóctona disminuyó la capacidad de infiltración de agua y aumentó la escorrentía superficial.

El sistema hidrográfico regional, dominado por las cuencas de los ríos Jacuí, Taquari, Caí y Gravataí, vierte sus aguas hacia la Lagoa dos Patos, la mayor laguna de agua dulce de América del Sur, cuyo nivel puede ser afectado tanto por lluvias como por fenómenos de marea, un factor clave en el agravamiento de las inundaciones de 2024.


Factores climáticos y ambientales de las inundaciones


Precipitaciones extremas y bloqueo atmosférico

Las lluvias comenzaron el 29 de abril y persistieron durante varios días, con acumulados superiores a 500 mm en algunas localidades. Esta cantidad representa cerca del 40% del promedio anual en menos de una semana (Magalhães Filho et al., 2024).

Este comportamiento fue provocado por una combinación de factores atmosféricos anómalos, destacándose la presencia de un bloqueo de alta presión en niveles medios y altos sobre el centro-este de Brasil, que impidió el desplazamiento de los sistemas frontales hacia el norte.

Este bloqueo atmosférico, de tipo Omega, generó un canal continuo de transporte de humedad desde la Amazonía hacia el sur del país, también conocido como río atmosférico.

Sobre Rio Grande do Sul, esa humedad convergió con una zona de baja presión semiestacionaria, generando tormentas constantes y muy localizada en la misma región durante varios días, un patrón típico en eventos catastróficos de inundación.

Este tipo de configuración atmosférica ha sido identificado por el IPCC (2021) como uno de los efectos esperados del cambio climático: eventos de "estancamiento de sistemas de precipitación" que intensifican la acumulación de agua en períodos cortos.



Nubes de tormenta (puntos rojos) pasan sobre Rio Grande do Sul el 1/5/24

(Imágenes: Goes 16 con coloración de Climatempo)

Cambio climático

De acuerdo con el IPCC (2021), el sur de América del Sur es una de las regiones donde se han observado cambios significativos en los patrones de precipitación. Las lluvias intensas se están volviendo más frecuentes y severas, incluso cuando las lluvias moderadas disminuyen. Rio Grande do Sul se encuentra en una zona de transición entre climas subtropicales y templados, especialmente sensible a estas variaciones.


Mareas elevadas y efecto tapón

En paralelo a las lluvias, las mareas sobre la Lagoa dos Patos se encontraban en niveles altos. Esto provocó un efecto tapón, ya que el agua de los principales ríos (Jacuí, Taquari, Caí, Gravataí) no podía drenar eficientemente hacia el Atlántico, retroalimentando el anegamiento en zonas bajas y urbanizadas (Caleffi et al., 2024).


Transformaciones del paisaje

La deforestación, la pérdida de humedales, la impermeabilización del suelo urbano y la canalización de cursos de agua naturales modificaron radicalmente la respuesta hidrológica del territorio. Estas transformaciones redujeron la infiltración y aumentaron el escurrimiento superficial. Como señalan Keller y Blodgett (2006), "la interacción entre procesos naturales extremos y sistemas humanos no preparados es lo que convierte un evento en desastre".



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El evento de abril/mayo de 2024

Las lluvias comenzaron intensamente el 29 de abril y persistieron hasta el 6 de mayo de 2024. Durante esos días:

  • Se vieron afectados 478 de 497 municipios (Caleffi et al., 2024).
  • Se reportaron 182 muertos y más de 580.000 desplazados.
  • Áreas urbanas como Porto Alegre, Pelotas, Estrela, Roca Sales, Eldorado do Sul y Montenegro sufrieron anegamientos históricos.

Las aguas desbordadas anegaron zonas densamente pobladas y zonas rurales vitales para la producción de alimentos. La infraestructura de transporte, energía y saneamiento básico colapsó en varias localidades. La creciente de la Lagoa dos Patos alcanzó niveles récord, afectando ciudades costeras y retroalimentando el fenómeno de inundación en la cuenca baja de los ríos principales.

El colapso de sistemas de drenaje, la saturación de suelos y la persistencia de lluvias configuraron una crisis socioambiental de gran escala.


Municipio de Eldorado do Sul, RS, bajo las aguas en las inundaciones de abril/mayo 2024.


Impactos sociales, económicos y ambientales


Sociales

Más de 2,3 millones de personas fueron afectadas directamente. Se reportaron crisis humanitarias por la falta de agua potable, cortes de electricidad y brotes de enfermedades transmitidas por el agua (Magalhães Filho et al., 2024). Además, los daños psicológicos fueron significativos, con altos índices de estrés postraumático en las zonas más golpeadas, sobre todo en las poblaciones desplazadas.



Económicos

Las pérdidas económicas superaron los 3.000 millones de reales. Los sectores agrícola y pecuario resultaron devastados, en particular los cultivos de arroz, soja, ganadería, producción láctea y vitivinicultura, pilares de la economía regional (Caleffi et al., 2024). Por otro lado, cuantiosos daños se produjeron en la infraestructura vial, puentes, viviendas y sistemas de saneamiento.


Ambientales

Se registraron importantes alteraciones en los ecosistemas acuáticos, especialmente en las lagunas costeras, donde el ingreso masivo de sedimentos y contaminantes deterioró la calidad del agua y afectó la biodiversidad local.



Dos hombres utilizan unas tejas para navegar en una zona inundada el 16 de mayo de 2024, en el municipio de Canoas, estado de Rio Grande do Sul (Brasil). EFE/ Andre Borges


Análisis de la gestión del riesgo y respuesta institucional

La capacidad de respuesta municipal mostró grandes deficiencias. De acuerdo con Schabbach et al. (2024), "sólo el 23% de los municipios menores a 20.000 habitantes contaban con Plan Director que contemplara la prevención de inundaciones".

Además, las deficiencias en saneamiento básico, especialmente en ciudades medianas y pequeñas, amplificaron los impactos del desastre (Magalhães Filho et al., 2024). Tal como advierten Hyndman y Hyndman (2014), "los desastres naturales se convierten en catástrofes cuando las infraestructuras humanas no son capaces de mitigar los daños".



Cuencas hidrográficas del Estado de Rio Grande do Sul, Brasil


Ecos en el Cono Sur sudamericano: Inundaciones en zonas costeras y en el centro de Chile.

Las inundaciones ocurridas en Rio Grande do Sul en 2024 no son un hecho aislado. En las últimas décadas, numerosas ciudades costeras de Sudamérica han sufrido eventos similares, caracterizados por precipitaciones extremas, escurrimientos incontrolados, fallas en el drenaje urbano y altos impactos sociales y económicos. Aunque con particularidades locales, estos eventos comparten patrones comunes vinculados al cambio climático, a la urbanización no planificada y a la falta de gestión integral del riesgo.


Bahía Blanca (Argentina, 2025)

En marzo de 2025, esta ciudad portuaria del sur bonaerense fue afectada por lluvias excepcionales que en pocas horas superaron los 200 mm. El agua anegó barrios enteros, destruyó calles, colapsó el transporte público y expuso la precariedad del sistema pluvial. Informes de Defensa Civil y reportes periodísticos destacaron que muchos sectores del casco urbano fueron construidos sobre antiguos bajos sin obras hidráulicas adecuadas. Tal como señalaban Zapperi y Campo (2011), “el crecimiento urbano en zonas topográficamente deprimidas, sin infraestructura de escurrimiento proporcional, genera una exposición estructural al riesgo”.


Comodoro Rivadavia (Argentina, 2017)

En marzo de 2017, esta ciudad patagónica vivió una de las peores catástrofes hídricas de su historia. Lluvias torrenciales —inusuales para un clima árido— provocaron aludes de barro y agua que arrasaron viviendas, rutas y tendidos eléctricos. El evento reveló cómo las laderas urbanizadas sin contención, combinadas con pendientes pronunciadas y canales pluviales ineficientes, pueden detonar desastres graves. Como indica Paredes (2019), “la catástrofe fue la expresión visible de décadas de urbanización informal sin consideración de la geomorfología local”.


Montevideo (Uruguay, 2024)

En 2024, Montevideo y su área metropolitana enfrentaron varios eventos de lluvias intensas que provocaron inundaciones urbanas, afectando viviendas, infraestructura y servicios esenciales. Uno de los episodios más destacados ocurrió el 2 de marzo, cuando un sistema de tormentas organizadas ingresó por el suroeste del país, afectando principalmente la zona sur. Este sistema provocó precipitaciones abundantes y puntualmente copiosas, con acumulados de 20 a 40 mm en 3 horas, y rachas de viento muy fuertes de 80 a 110 km/h, generando inundaciones repentinas en varios puntos del Área Metropolitana de Montevideo.​

Posteriormente, entre el 8 y 9 de marzo, otro sistema de tormentas afectó el suroeste del país, generando precipitaciones puntualmente copiosas en cortos períodos de tiempo y rachas de viento muy fuertes. En la ciudad de Mercedes, por ejemplo, se registraron 85 mm de lluvia en una hora, lo que provocó inundaciones repentinas y daños por viento.

Según el balance anual del Sistema Nacional de Emergencias (SINAE), en 2024 se registraron un total de 95 eventos hidrometeorológicos adversos en Uruguay, de los cuales 40 fueron inundaciones, afectando a 13.682 personas y 5.090 viviendas. Los departamentos más afectados en términos de personas fueron Durazno, San José, Paysandú y Florida.​

Además de los impactos directos, las lluvias copiosas también provocaron consecuencias ambientales, como la proliferación de cianobacterias en las playas de Montevideo, lo que llevó a la colocación de banderas sanitarias en toda la costa debido al riesgo potencial para la salud de la población.​

Estos eventos evidencian la necesidad de fortalecer la infraestructura urbana y los sistemas de drenaje, así como de implementar estrategias de adaptación al cambio climático para reducir la vulnerabilidad de las áreas urbanas frente a eventos hidrometeorológicos extremos.


Vista aérea del río Pichilo después de fuertes lluvias en Arauco, región del Biobío, Chile, tomada el 13 de junio de 2024. (GUILLERMO SALGADO/AFP)


Chile Central y Sur (2024)

En junio de 2024, Chile enfrentó una serie de sistemas frontales que provocaron intensas lluvias y vientos en las regiones del centro y sur del país, incluyendo Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins, Maule, Ñuble y Biobío. Estos eventos meteorológicos causaron graves inundaciones, desbordes de ríos, deslizamientos de tierra y daños significativos en infraestructuras y viviendas.​

Uno de los sistemas frontales más severos ocurrió a mediados de junio, dejando un saldo de más de 6.300 damnificados, un fallecido, 576 personas aisladas y 3.842 viviendas con distintos grados de afectación. La región del Biobío fue la más afectada, con más de 6.300 damnificados. Las autoridades declararon zona de catástrofe en varias regiones para facilitar la respuesta y recuperación ante la emergencia.​

Posteriormente, a finales de junio, otro sistema frontal impactó la zona centro-sur del país, provocando más de 800 personas aisladas, 1.700 casas dañadas y 74.000 hogares sin electricidad. Las comunas de la Región Metropolitana, Valparaíso y O’Higgins fueron especialmente afectadas, con inundaciones, cortes de energía y desbordes de ríos y canales.​

Estos eventos evidencian la creciente vulnerabilidad de Chile frente a fenómenos meteorológicos extremos, exacerbados por el cambio climático. La combinación de precipitaciones intensas, isoterma cero alta y suelos saturados aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra, especialmente en zonas urbanas y rurales con infraestructura deficiente o asentamientos en áreas de riesgo.​

Las autoridades han enfatizado la necesidad de fortalecer la infraestructura de drenaje, implementar planes de ordenamiento territorial que consideren los riesgos naturales y mejorar los sistemas de alerta temprana y respuesta ante emergencias para mitigar los impactos de futuros eventos climáticos extremos.


Reflexiones finales: aprendizajes y desafíos para el futuro

El desastre de Rio Grande do Sul en 2024, junto con los eventos recientes en Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Montevideo y Chile, pone de manifiesto que las inundaciones en Sudamérica no son fenómenos aislados ni imprevisibles, sino parte de una nueva normalidad climática marcada por eventos extremos más frecuentes y destructivos.

A lo largo de este análisis, se han identificado múltiples factores estructurales que explican por qué los daños fueron tan significativos:

  • La urbanización sobre planicies aluviales y laderas inestables.
  • La pérdida de ecosistemas reguladores como humedales y pastizales.
  • La deficiente infraestructura de drenaje y saneamiento.
  • La falta de planificación territorial con enfoque de riesgo.
  • La desigualdad social que expone a los sectores más vulnerables.

Como plantean Keller y Blodgett (2006), “la clave no está sólo en entender el peligro natural, sino en reducir la vulnerabilidad humana”. Este principio debe guiar las políticas públicas de los próximos años si se pretende transitar hacia territorios más resilientes.


Aprendizajes clave

  • El riesgo es socialmente construido: La interacción entre condiciones naturales y decisiones humanas determina la magnitud del desastre (Hyndman & Hyndman, 2014).
  • Los mapas de riesgo deben ser instrumentos vinculantes: No basta con su existencia; deben integrarse en los códigos de edificación y el ordenamiento territorial.
  • La adaptación al cambio climático es urgente: Las ciudades deben asumir que eventos extremos serán más frecuentes y planificar en consecuencia.
  • La gestión del riesgo debe ser intersectorial y multiescalar: Involucrar a gobiernos locales, provinciales y nacionales, junto con organizaciones comunitarias y científicas.
  • La prevención es más económica que la reconstrucción: Cada dólar invertido en prevención ahorra entre 4 y 7 dólares en costos de desastre (UNDRR, 2022).


Imagen satelital de las zonas alrededor de Porto Alegre inundadas el 6 de mayo.


Desafíos prioritarios para América del Sur

  • Planificación urbana basada en riesgos: Integrar estudios geográficos, hidrológicos y climáticos en cada nuevo desarrollo urbano o infraestructura.
  • Inversión en infraestructura resiliente: Obras de drenaje, estaciones de bombeo, restauración de cauces, humedales artificiales, techos verdes.
  • Protección y restauración de ecosistemas: Humedales, llanuras de inundación, vegetación nativa que actúa como esponja ante las lluvias.
  • Fortalecimiento de la gobernanza del riesgo: Dotar a municipios pequeños de herramientas técnicas y presupuestos para la prevención.
  • Educación ambiental y en riesgos desde la infancia: Incluir contenidos sobre amenazas locales, resiliencia y protocolos de acción en los planes de estudio.


Pensar el riesgo como una construcción cultural

No podemos seguir entendiendo los desastres como castigos naturales inevitables. Como señala Wisner et al. (2004), “los desastres ocurren cuando una amenaza encuentra una población vulnerable”. La gestión del riesgo debe pasar de una lógica reactiva a una cultura preventiva, donde la ciencia, la comunidad y las instituciones trabajen de forma articulada.

El caso de Rio Grande do Sul debe convertirse en un punto de inflexión: o se aprende de él, o se repetirá con otros nombres y en otros territorios.


Bibliografía:



viernes, 25 de abril de 2025

¿Puede considerarse a la Paleogeografía, una disciplina dentro del campo de la Geografía Física?


La paleogeografía, como campo de estudio, evoca mapas antiguos, tierras perdidas y mares extintos. Pero más allá de esta imagen romántica, se trata de una disciplina científica rigurosa con fundamentos sólidos en las geociencias. La pregunta que guía este artículo —si puede considerarse a la paleogeografía como parte de la geografía física— nos lleva a explorar las raíces históricas, conceptuales y metodológicas tanto de la paleogeografía como de la geografía física. Este recorrido no solo nos permitirá responder esa cuestión, sino también reconocer el valor de los estudios paleogeográficos en el entendimiento actual de la Tierra y sus dinámicas.

Para facilitar la lectura, al final del artículo se incluye un glosario con definiciones ampliadas de los conceptos más relevantes.


¿Qué es la paleogeografía?

La paleogeografía se define como el estudio de las condiciones geográficas del pasado terrestre. Se ocupa de reconstruir la distribución antigua de continentes, océanos, cordilleras, climas y ecosistemas a lo largo del tiempo geológico. Como lo señalan Meinhold y Şengör (2018), “la paleogeografía es la representación cartográfica de la distribución pasada de características geográficas como océanos profundos, mares someros, tierras bajas, ríos, lagos y cinturones montañosos, sobre mapas tectónicos restaurados palinspásticamente”.​

Estas reconstrucciones no son meras especulaciones: se basan en datos paleontológicos, geoquímicos, paleomagnéticos y sedimentológicos. Así, la paleogeografía proporciona marcos espaciales y temporales para comprender procesos fundamentales como la evolución de la vida, la formación de recursos naturales o los cambios climáticos globales.




La deriva continental hace 155 millones de años (Jurásico Superior).


Raíces históricas de la paleogeografía

Aunque la paleogeografía como disciplina sistemática es relativamente reciente, sus orígenes pueden rastrearse hasta la Antigüedad. Filósofos griegos como Anaximandro y Heródoto ya especulaban sobre cambios en la distribución de tierras y mares. Sin embargo, la visión moderna del cambio geográfico en el tiempo se consolidó recién en el siglo XIX con el auge de la geología histórica y el desarrollo del pensamiento evolucionista.

La noción de que los continentes se habían desplazado a lo largo del tiempo fue propuesta en forma embrionaria por Abraham Ortelius en el siglo XVI y retomada con fuerza por Alfred Wegener en 1915 con su hipótesis de la deriva continental. No obstante, fue la revolución de la tectónica de placas, a partir de la década de 1960, la que brindó el marco teórico y metodológico que consolidó a la paleogeografía como una ciencia con base empírica sólida.

A partir de ese momento, como destaca Joseph Holden (2022), “la comprensión moderna de los procesos físicos de la Tierra, incluyendo la tectónica de placas, el modelado del relieve y los ciclos climáticos, ha permitido integrar los estudios paleogeográficos dentro de un marco dinámico coherente”​.



Representación en formato cómic de Alfred Wegener
Portada del posteo "Una idea que movió continentes" (se accede haciendo click en la imagen)


¿Qué es la geografía física y cómo se estructura?

La geografía física es una de las principales ramas de la geografía y se ocupa del estudio de los elementos naturales del espacio terrestre: el relieve, el clima, las aguas, los suelos, la vegetación y sus interrelaciones. Su objetivo es comprender los procesos naturales que moldean la superficie terrestre y cómo estos interactúan en escalas espaciales y temporales diversas.

Históricamente, la geografía física se ha estructurado en subdisciplinas como la geomorfología, la climatología, la hidrología, la biogeografía, la edafología y la oceanografía. En palabras de Fernand Joly (1993), “la geografía física es una geografía general que intenta definir lo que hay de permanente, de ‘normal’ o de ‘accidental’ en la fisonomía de la Tierra y se esfuerza por descubrir las leyes”​.

Estas subdisciplinas no son compartimentos estancos: todas comparten un interés por la dinámica de los sistemas naturales y por su expresión espacial, y suelen dialogar con otras ciencias como la geología, la biología o la física.


¿Dónde encaja la paleogeografía?

La paleogeografía comparte con la geografía física varios elementos esenciales:

  • El interés por los sistemas naturales y su evolución espacial y temporal.
  • El análisis de las formas del relieve, del clima y de la distribución biogeográfica, aunque centrado en el pasado.
  • El uso de herramientas cartográficas, modelos digitales y análisis espaciales.

Sin embargo, una diferencia clave es su enfoque temporal. Mientras la geografía física trabaja habitualmente con escalas contemporáneas o recientes (siglos o milenios), la paleogeografía trabaja con escalas de tiempo geológico (millones de años). Esto ha llevado a que muchos de sus métodos estén más próximos a los de la geología histórica.

No obstante, esta diferencia de escala no implica una diferencia de naturaleza. De hecho, como afirma Holden (2022), “comprender los procesos físicos actuales exige en muchos casos conocer su historia geológica. La geografía física sin paleogeografía es incompleta”​.

Además, disciplinas como la geomorfología climática o la biogeografía histórica se nutren directamente de los aportes paleogeográficos. La distribución actual de especies, por ejemplo, solo puede entenderse plenamente al considerar la deriva continental, las glaciaciones o la existencia de puentes terrestres en el pasado.



Reconstrucción del supercontinente Rodinia hace 900 millones de años atrás (Neoproterozoico) - (Fama Clamosa / CC BY-SA 4.0)


Argumentos a favor de incluirla en la geografía física

  1. Objetos de estudio compartidos: relieve, distribución de tierras y mares, climas, ecosistemas.
  2. Herramientas metodológicas similares: mapas temáticos, modelos digitales, sistemas de información geográfica.
  3. Interdisciplinariedad estructural: al igual que la geomorfología o la climatología, la paleogeografía requiere la integración de múltiples saberes.
  4. Relevancia contemporánea: entender los cambios geográficos del pasado es clave para prever futuros escenarios ambientales.

Como resumen, en palabras de Meinhold y Şengör (2018), “la paleogeografía es probablemente una de las disciplinas más complejas de las ciencias de la Tierra por la cantidad de datos y técnicas que integra”​.


Objeciones y límites

Algunos críticos sostienen que la paleogeografía pertenece más al campo de la geología histórica que a la geografía física, ya que su énfasis está en los procesos profundos de la litosfera más que en los procesos superficiales.

Otros señalan que, al tratar escalas temporales tan amplias, su aplicabilidad directa a los problemas geográficos contemporáneos es limitada.

Sin embargo, estas objeciones no invalidan su pertenencia a la geografía física, sino que resaltan su especificidad temporal. En todo caso, podría considerarse una “geografía física del pasado”, como la climatología histórica lo es del clima.


Casos de aplicación

  • Reconstrucción del supercontinente Pangea: gracias al estudio de fósiles, formaciones geológicas y paleomagnetismo, se ha podido reconstruir la configuración de la Tierra hace 250 millones de años.
  • Estudios sobre la biodiversidad de Gondwana: han permitido comprender los patrones biogeográficos actuales en Sudamérica, África, India, Australia y la Antártida.
  • Evaluación del cambio climático profundo: la reconstrucción de climas del Cretácico o el Paleoceno-Eoceno ayuda a modelar escenarios de calentamiento actual.


En conclusión, la paleogeografía, lejos de ser una rareza académica, es una disciplina clave para comprender la evolución de la Tierra. Comparte objetos, métodos y enfoques con la geografía física, a la vez que aporta una dimensión temporal profunda que enriquece nuestra mirada sobre los sistemas naturales.

Incluirla dentro del campo de la geografía física no solo es coherente desde una perspectiva epistemológica, sino también deseable desde un punto de vista pedagógico y científico. Como toda geografía, la paleogeografía nos invita a leer los paisajes —aunque sean paisajes perdidos— como textos cargados de historia.


Posteo de la serie VS en nuestro perfil de Instagram: "Paleogeografía vs. Geografía Histórica" (se accede haciendo click en la imagen)



Glosario

  • Paleogeografía: Disciplina de las ciencias de la Tierra que estudia la configuración geográfica del planeta en distintas épocas del pasado geológico. A través del análisis de rocas, fósiles, estructuras tectónicas y datos paleomagnéticos, busca reconstruir la posición de los continentes, los océanos, las cadenas montañosas y otros elementos del paisaje físico. La paleogeografía es fundamental para entender la evolución de los climas, la biodiversidad y la distribución de los recursos naturales.
  • Paleobiogeografía: Subdisciplina que se centra en la distribución espacial de organismos extintos, a lo largo de diferentes períodos geológicos. Combina conocimientos de paleontología y biogeografía para explicar cómo las condiciones paleogeográficas (por ejemplo, la separación de continentes o la existencia de puentes terrestres) influyeron en la dispersión, aislamiento y evolución de las especies.
  • Geomorfología: Ciencia que estudia las formas del relieve terrestre, su origen, evolución y distribución. Analiza los procesos geológicos (como el vulcanismo y la tectónica), climáticos (como la erosión eólica o hídrica) y biológicos que modifican la superficie terrestre. La geomorfología se divide en varias ramas, incluyendo la estructural, climática, dinámica y fluvial.
  • Paleomagnetismo: Técnica geofísica que estudia el campo magnético registrado en las rocas desde su formación. Este campo, reflejo del magnetismo terrestre en el momento de consolidación de la roca, permite conocer la latitud original de los continentes y la rotación de las placas tectónicas. Es una herramienta clave en la reconstrucción paleogeográfica.
  • Cartografía palinspástica: Método cartográfico utilizado para “restaurar” deformaciones geológicas como fallas, pliegues o desplazamientos tectónicos, con el fin de representar la configuración original de un área antes de los procesos de deformación. Es fundamental para realizar mapas paleogeográficos coherentes con la evolución estructural del terreno.
  • Tectónica de placas: Teoría que explica la dinámica de la litosfera terrestre a través del movimiento de placas rígidas sobre el manto superior. Este movimiento es responsable de la deriva continental, la expansión del fondo oceánico, la formación de montañas y la actividad sísmica. La tectónica de placas es el marco explicativo principal de la evolución geológica y geográfica de la Tierra desde hace más de 3.000 millones de años.


Bibliografía

  • Benedetto, J.L. (2018). El continente de Gondwana a través del tiempo. Una introducción a la geología histórica. Tercera Edición, Córdoba, Academia Nacional de Ciencias.
  • Holden, J. (2022). Physical Geography: The Basics (2.ª ed.). Routledge.
  • Joly, F. (1993). ¿La geografía es solo una ciencia humana? Cuadernos de Geografía, IV(1-2), 85-88.
  • Martin, R. (2018). Earth’s evolving systems. The history of planet Earth. Second Edition, Burlington, Massachusetts, Jones & Bartlett
  • Meinhold, G., & Şengör, A. M. C. (2018). A historical account of how continental drift and plate tectonics provided the framework for our current understanding of palaeogeography. Geological Magazine, 156(2), 182–207. https://doi.org/10.1017/S0016756818000043
  • Fiveable. (s.f.). Paleogeography – AP Environmental Science. https://library.fiveable.me/paleontology/unit-10/paleogeography/study-guide/IhVft71Sj30NCNBz